A muy pocos kilómetros de Posada de Llanera, justo antes de coronar el vistoso cerro que da paso a Corvera y avizora tierras gijonesas, ovetenses y avilesinas, localizamos el asador.
La casa, renovada desde los cimientos, ejerce, especialmente los fines de semana, de destino familiar, alegre y bien servido alrededor de los tres grandes hornos que centran y presiden los espacios, y de los que salen continuamente, caldeando y aromando el ambiente, grandes raciones de cochinillo y lechazo según mandan las ordenanzas tradicionales de Castilla.
Por cuartos, medios o enteros, los jóvenes ejemplares, criados exclusivamente con leche materna, ocupan fuentes y dejan brillar la dorada y quebradiza piel que empana la dulce, suave, jugosa y mantecada carne.
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