| Capital:
Cangas de Onís (3147 habitantes) Concejo (6480 habitantes)
Otros Núcleos:
Covadonga, Villanueva, Labra, Corao, Intrialgo, Tornín,
Mestas de Con, Zardón, Margolles, Triongo.
Descripción:
Enmarcado
por la majestuosidad de los Picos de Europa, Cangas de Onís es una
tierra de leyenda y tradición. La inclusión de la mayor parte de
su superficie montañosa dentro de los límites del primer Parque
Nacional Español, el Parque Nacional de Covadonga, ha permitido
preservar en buena medida las características naturales del municipio
de Cangas de Onís, en donde se mezclan cumbres, agujas, bosques,
gargantas, arroyos y praderías de singular belleza. Las fértiles
vegas de las inmediaciones del Sella y Güeña ponen el contrapunto
al torturado relieve montañoso, albergando los núcleos de población
más importantes. Situado en el interior del oriente de Asturias,
más de la mitad del concejo está ocupado por el macizo occidental
-o de Cornión- de los Picos de Europa. Sin lugar a dudas, son las
características orográficas e hidrográficas del municipio las que
lo convierten en un emblemático ejemplo del paraíso natural asturiano.
Sobre la amplia superficie montañosa que ocupa Cangas de Onís, las
condiciones ambientales y climáticas han modelado un amplio catálogo
de especies vegetales y minerales que perduran en bosques, ríos
y cumbres.
Fiestas:
Cangas
de Onís: Concurso exposición de Quesos de los Picos de Europa (12
de octubre), San Antonio (13 de junio) Covadonga: Virgen de Covadonga,
Fiesta de Asturias (8 de septiembre) Vega de Enol: Fiesta del Pastor
(25 de julio) de interés turístico Villanueva: San Pedro (29 de
junio) Ferias de Ganado: Corao (17 de enero, 3 de marzo, 26 de mayo,
3 de septiembre) Cangas de Onís (domingo de Pascua, feria de primavera,
12 de octubre) Margolles (primer domingo de mayo)
Gastronomía:
La fabada, guisantes con jamón, emberzaos pobres, el pote asturiano,
la menestra, las chuletas de carne roxa, el cordero, el cabritu
en sus diversas formas, los chorizos a la sidra, el lacón cocido,
etc... componen parte de los sabrosos platos de la cocina de Cangas
de Onís, a la que se suman los excelentes mariscos del Cantábrico.
Las casadielles, el arroz con leche, así como las pastas y suspiros
marcan la pauta en su repostería. La cocina canguesa siempre estuvo
influenciada por las condiciones de vida en la aldea, donde todo
giraba en torno a los productos que se obtenían de la casería (hacienda),
combinando los cultivos - fabes, maiz, arbejos, patatas, etc...
- con las carnes de la variada cabaña - vacas, corderos, cerdos,
etc...- los pescados de sus ríos - truchas, resos, salmones o anguilas
- y los exquisitos quesos.
Arte:
Cangas
de Onís: Puente Romano, perteneciente a los siglos XIV y XV, está
edificado sobre un puente romano y el actual es medieval. Ermita
de Santa Cruz, levantada sobre un dolmen, fue construida por el
rey Favila en el año 737 para custodiar la Cruz de la Victoria.
La misma fue destruida en 1936, dejando al descubierto el dolmen
y se reconstruyó en 1950 en estilo románico. El Ayuntamiento es
un edificio de corte clasicista, del siglo XIX y del arquitecto
Javier Aguirre. Tiene un cuerpo central saliente marcado por pilastras
y dos laterales. Pórtico en el centro sobre columnas toscadas, arcos
rebajados en el segundo piso y frontón superior entre dos salientes
con escudos. Iglesia Parroquial de la Asunción, construida en 1963.
Palacio Pintu, construido en este siglo, es copia de otro anterior
del siglo XVII, convertido en la delegación de Hacienda. Palacio
Cortés, de estilo renacentista. Su torre alberga la capilla de la
Concepción. Aquí pernoctó Jovellanos y la reina Isabel II en su
visita de 1858. Iglesia de Cangas de Arriba, siglo XV Iglesia de
San Antonio, del siglo XVI Palacio de los Dago, buen ejemplo de
la arquitectura montañesa Cardes: Cueva del Buxu, con pinturas y
grabados parietales. Con: Iglesia de San Pedro, románica Corao:
Palacio de Noriega, buen ejemplo de estilo montañés; Casa de Frasinelli,
Cueva del Cuélebre, en ella aparecieron restos de la Edad de Bronce,
Santa Eulalia de Abamia, monumento nacional. Coviella: Palacio de
los Paes, barroco Grazanes: Iglesia de San Martín, conserva un arco
de triunfo románico y pinturas del siglo XVIII. Intrialgo: Torre
de Intrialgo, del siglo XVI, Iglesia de Villaverde, de origen románico
Isongo: Capilla de San Emeterio o Santumedé, lugar de culto popular.
Labra: Palacio de Soto Cortés, el más esbelto y mejor conservado
del siglo XVIII en el Oriente de Asturias, Torre de Pendás del siglo
XVI, varias casonas. Las Rozas: Ermita de San Bartolomé construcción
de origen románico Onao: Casona de los Posada Villanueva: Monasterio
de San Pedro monumento nacional (prerrománico)
Actividades
al Aire Libre:
Los
alrededores del municipio hacen de esta zona un lugar ideal para
las excursiones y un recorrido idóneo para la práctica de deportes
que suponen un contacto estrecho con la naturaleza. Posiblemente
el deporte más extendido y que mayores aficionados atrae al municipio
de Cangas de Onís sea el piragüismo, cuya práctica en sus múltiples
variantes se pueden realizar en los cursos del Sella, Ponga y Cares,
siendo un acontecimiento digno de ser destacado el Descenso Internacional
del Sella, que se celebra todos los primeros sábados de agosto,
un espectáculo impresionante a medio camino entre la alta competición
y la fiesta popular. El macizo del Cornión ofrece la posibilidad
de practicar el montañismo en todas sus variantes: desde el peligroso
alpinismo de alta montaña hasta el cómodo y relajante de senderismo.
Asimismo la profusión de simas y sumideros, debida a la acción de
los ríos y de las lluvias sobre las calizas rocas del macizo, hace
que la zona sea un auténtico paraíso para los amantes de la espeleología.
Las truchas y salmones son conocidos por los aficionados a la pesca
de todo el país y recientemente a través de iniciativas turísticas
privadas, se están empezando a desarrollar deportes aéreos, como
el parapente, lo que supone una oportunidad para contemplar de una
nueva forma los verdes paisajes de los valles del concejo. El Área
recreativa Llano del Cuera, desde la carretera nacional 634, en
Arriondas, tomando la carretera comarcal a Cangas de Onís nos permite
contemplar una excelente vista del valle del Sella y del Güeña.
Asimismo diferentes excursiones ofrecen la posibilidad de disfrutar
de los encantos paisajísticos del concejo de Cangas de Onís. Vega
de Ario: Ruta de seis horas de duración Mirador de Ordiales: Es
de más dificultad que el anterior. Desde el mirador se contempla
la cordillera y las praderías de Amieva y Angón. Ascensión al Pico
del Arbolín: Fácil ruta perfectamente realizable por la tarde que,
partiendo de Cangas por la carretera de Llueves, lleva a este pueblo
para seguir por pista forestal hasta las cumbres del pico, desde
el que se tiene una inmejorable vista de Cangas ciudad y de Picos
de Europa y cordillera. Vega de Orandi: Fácil ruta de cuatro horas
de recorrido. El regreso se puede efectuar por el mismo camino o
también directamente a Covadonga por un camino de fácil localización
al final de la vega. Siempre fiel a su pasado y pensando en el futuro,
Cangas de Onís ofrece al viajero una oportunidad única para descubrir
un amplio abanico de posibilidades deportivas y de ocio; en resumen,
una tierra para disfrutar.
Covadonga:
Covadonga
constituye uno de los rincones más emblemáticos de Asturias y lugar
de peregrinaje de numerosas personas. El agreste y umbrío paisaje
que lo rodea, junto con la sorprendente aparición del río Auseva,
debajo de la Cueva y después desaparecer, peñas arriba, en las simas
de Orandi, confieren al conjunto del lugar misteriosas resonancias.
De orígenes remotos, el lugar de Covadonga, por estas características
geográficas, ha sido siempre un enclave de implicaciones mágicas
y religiosas. Cristianizado el lugar ya en el siglo VIII, su valor
cultural se vio magnificado por el acto allí acordado, hacia el
año 718, entre astures y cántabros para afrontar conjuntamente la
amenaza sarracena. El importante éxito militar de esta alianza en
el año 722, en los mismos parajes de Covadonga, trajo como consecuencia
la proclamación del príncipe astur Pelayo como caudillo de los insurgentes
y dio origen al concepto de Reconquista, de trascendental importancia
en la historiografía española y en la cultura básica de los españoles
durante mucho tiempo. A partir de entonces, y durante toda la Edad
Media, hubo en Covadonga un monasterio de monjes benedictinos que
tenía su templo en la propia cueva y su claustro en el lugar que
ahora ocupa la colegiata de San Fernando, como así lo atestiguan
las dos tumbas románicas de sendos abades del siglo XI. Las dificultades
de comunicación, el progresivo alejamiento de los centros de decisión
política y las duras condiciones climáticas de la montaña dejarán
languidecer la vida monacal hasta el punto de que, a mediados del
siglo XVI, se vieron obligados a abandonar el lugar y pasar a vivir
a la vecina aldea de La Riera. Paulatinamente, se va revitalizando
la vida del monasterio pasando en un primer momento a convertirse
en santuario y más tarde, a adquirir la categoría de colegiata.
Sin embargo, no será hasta finales del siglo XVIII, cuando, en virtud
de un fortuito incendio que arrasó el entramado colgante de madera
que constituía el templo, se empezó, de nuevo, a prestar la atención
que, para la monarquía ilustrada del momento, debía de dársele.
Así, será Carlos III quien, el mismo año del incendio, toma cartas
en el asunto comisionando al arquitecto real, don Ventura Rodríguez,
para que dispusiera las trazas de un nuevo santuario acorde con
la importancia y relieve histórico que se le quería dar. Diversos
problemas, de tipo económico y de oposiciones, dan al traste con
el proyecto, construyéndose únicamente el basamento sobre el tajo
del río. Abandonada la idea, demasiado monumental, se vuelve a reconstruir
el voladizo de madera y se levanta, en 1820, una pequeña capilla
para custodiar la nueva imagen de la Virgen de Covadonga que sustituye
a la desaparecida en el incendio. En la segunda mitad del siglo
XIX el Santuario de Covadonga adquiere su conformación definitiva,
si bien no concluye hasta 1901, después de rectificar el proyecto
que inició el célebre alemán de Corao, Roberto Frasinelli, en 1874.
Con la entrada de siglo, Covadonga se había convertido ya, además
de en un centro litúrgico y piadoso, en un poderoso foco de atención
turística integrado por el ámbito de atracción de los Picos de Europa.
La vinculación de la monarquía española con el Real Sitio de Covadonga
contribuirá a dar mayor notoriedad e importancia al lugar, culminando
con la celebración del XII centenario de la batalla de Covadonga
en 1918, en la actual Alfonso XIII corona solemnemente a la Virgen.
Los daños padecidos en el santuario por la Guerra Civil en 1936
motivaron la construcción de un nuevo camerín para la Cueva, que
fue realizado por el arquitecto ovetense Luis Menéndez Pidal, a
quien se debe el severo aspecto que hoy muestra la Cueva.
Parque
Nacional de Covadonga:
El
Parque Nacional de la Montaña de Covadonga ocupa una extensión de
16925 hectáreas que se extiende por los concejos asturianos de Cabrales,
Onís, Cangas de Onís y Amieva y el leonés de Valdeón. Se encuentra
situado en el macizo occidental (o de las Peñas Santas, o del Cornión,
como también se le llama) de los Picos de Europa. Este macizo, compuesto
por rocas calizas, ha sufrido innumerables acciones geológicas (cabalgamientos,
glaciarismos, karstificación) que han configurado un paisaje torturado
y agreste en el que los bosques, praderías y pastizales se asientan
suavemente y se esconden (salvo en alta montaña) lagos, ríos, jous,
poljés, simas y gargantas. Sin lugar a dudas, el acceso más usual
al Parque es la carretera que desde el Santuario de Covadonga sube,
tras 11 kilómetros de vertiginosa y serpenteante carretera, a los
lagos de Covadonga: el Enol y el Ercina a 1070 y 1108 metros respectivamente.
Como en otros casos de la región asturiana, la serenidad de las
aguas, el verdor de las vegas, el pétreo contrapunto de las cumbres
más altas y las brumas y neblinas que se forman dan al paisaje un
carácter de lo más sugestivo que justifica las leyendas e historias
que corren sobre ellos. Desde los lagos, parten multitud de sendas
que se adentran poco a poco en el corazón del Parque. Cumbres como
el Peña Santa de Castilla (2596 metros) o Peña Santa de Enol (2478
metros), Torre de la Hor (2456 metros) y otras muchas retan a los
alpinistas más avezados. Miradores como el del Rey o el de Ordiales
(donde está ubicada la tumba de D. Pedro Pidal, Marqués de Villaviciosa
de las Asturias, famoso escalador y uno de los principales promotores
de la Ley de Parques Nacionales) presentan bosques y praderías,
canales, neveros y desplomes increíbles a la mirada extasiada del
visitante. Arroyos y ríos como el Cares (que constituye el límite
oriental del Parque), el Dobra, el Junjumia o el Pomperi atraviesan
bosques y gargantas o desaparecen en sumideros para reaparecer más
tarde. Pastizales salpicados de pequeñas cabañas de los pastores.
Cuevas y simas, muchas de ellas aún sin explorar. Sobre esta vasta
superficie montañosa que es Cangas de Onís, las condiciones climáticas
y ambientales han moldeado un amplio catálogo de especies minerales
y vegetales que perduran, con mayor o menor fortuna, en bosques,
ríos y cumbres. En las zonas más montañosas, como la que ocupan
el Parque Nacional de Covadonga y sus estribaciones, abundan todavía
las masas boscosas de especies caducifolias autóctonas, tales como
las hayas, robles y abedules. Los bosques de Pome, La Cerezal o
La Matona son buenos ejemplos de ello. Acantonados en el fondo de
los valles, los bosques mixtos se hallan bien representados en el
valle de Covadonga y en las inmediaciones del Cares. Otras especies
frecuentes son el aliso, el fresno, el quejigo, el tilo, el acebo
y el tejo. En este hábitat tan peculiar, en el que la climatología
varía enormemente con la altitud, existe un sinnúmero de especies
animales que todavía luchan denodadamente por su supervivencia.
El Parque Nacional, con sus estrictas normas de protección y conservación,
ha posibilitado que se conserven ciertas especies que en otros lugares
ya han desaparecido. No ha sucedido así, sin embargo, con especies
como la cabra montañesa, el os y el urogallo, que han desaparecido
o están a punto de desaparecer. Siendo interminable el número de
especies que se pueden encontrar en el concejo, se hace imposible
su numeración completa. Desde rebecos, corzos, jabalíes, zorros,
tejones, gatos monteses, nutrias, ardillas, armiños, topos y comadrejas,
hasta águilas reales, buitres, alimoches, milanos, halcones, fochas
ánades reales y agachadizas, pasando por truchas, salmones, anguilas
y lampreas (ejemplares todos ellos, que se pueden observar en el
Centro de Recuperación de Especies Autóctonas Fauna Astur, en Soto,
a 3 km. de Cangas ). Los distintos hábitats y ecosistemas distribuidos
por el concejo forman un auténtico mosaico de la naturaleza.
Información Turística:
Oficina
de Turismo - 985 84 80 05 |